Desde los marxistas revolucionarios como Lenin, Fidel Castro y Che Guevara, a los conservadores y capitalistas como Winston Churchill, John Wayne y Nubar Gulbenkain, todos han disfrutado la mística del cigarro. ¿Y quien sabe lo que dedujeron de sus cigarros mientras tomaban decisiones importantes?
En el campo de la literatura, a Mark Twain le encantaban lo cigarros, especialmente los Habanos. Rudyard Kipling en The Betrothed se entusiasma locamente por los cigarros Por Larranaga, Henry Clay y Partagas. Somerset Maugham encomió los placeres de un Habano como uno de los mejores placeres por él conocidos. Su sueño era que algún día, cuando tuviese dinero suficiente, disfrutaría un cigarro después del almuerzo y la cena. Su sueño se hizo realidad.
A Nubar Gulbenkain, uno de los hombres más ricos del mundo en la década de los 60, le preguntaron una vez que cómo podía, como buen capitalista, seguir fumando cigarros cubanos cuando Cuba se había convertido en un estado comunista revolucionario. Su respuesta fue que aunque el mismo diablo llegase a ser dueño de Vuelta Abajo (en Pinar del Rio donde se producen los mejores cigarros del mundo) seguiría fumando Habanos.
El cigarro ha sido como un amigo y buen compañero para muchos artistas, autores y líderes del mundo. Esto nos recuerda las ahora famosas palabras proferidas por el gerente de la tabaquería Dunhill a Winston Churchill durante el ataque relámpago a Londres: "Sus cigarros están a salvo, Señor".
La vida de Winston Churchill representaba la grandeza del espiritu humano. Había estado expuesto al cigarro habanero en su propio imperio, durante un viaje que hizo a Cuba en 1895. A partir de esa ocasión, raras veces se veía sin su famoso cigarro. Durante toda su vida, (vivió 91 años) Churchill sujetaba un cigarro en casi toda fución pública que asistía: visitando un buque de guerra británic, mientras pasaba revista a las tropas en Africa, durante la Segunda Guerra Mundial, en Yalta con Stalin y Roosvelt, y aún después de perder las elecciones ante Clement Atlee después de la guerra. Hay fotografías que representan a Churchill disfrutando su gran cigarro doble corona mientras pinta o pone ladrillos en su jardín.
Winston Churchill ciertamente era, en espiritu, un hombre renacentista. Su dominio supremo del idioma inglés, su arte, su juicio estratégico durante la guerra, y su valerosa y elocuente oratoria, sustentaban e inspiraban al pueblo británico en sus horas más funestas. Y su amado cigarro era su eterno compañero en momentos de tristeza y triunfo.