Existen muchas razones por las que disfrutamos un buen cigarro. A veces nos proporciona un sentido de placer al celebrar el nacimiento de un hijo, un matrimonio, un ascenso, o simplemente complementar una buena comida. Encender un cigarro especial, destapar una botella de buen vino o champagne, todos representan para nosotros la búsqueda de la buena vida.
Fumar cigarros tiene diferentes significados para la gente que los fuma. Para algunos, representa el símbolo de un status que antaño estaba reservado para la aristocracia y los ricos. Hoy en día, toda clase de hombre puede disfrutar de un buen cigarro igual que una botella de buen vino, una cerveza holandesa importada, o whisky escocés añejo. Para el profesional joven, que ha tenido éxito, fumar cigarros es un modo de demostrar uno de los símbolos de su éxito e individualismo.
Desde el presidente de una corporación, al actor de Hollywood, al profesional joven así como el ciudadano común, pueden todos disfrutar un buen cigarro. ¿Y por qué no? Si su presupuesto no permite el consumo de cigarros caros en forma regular, entonces se puede disfrutar un buen cigarro de entre los menos caros.
A un nivel más introspectivo, un buen cigarro nos brinda el solaz requerido cuando estamos solos al final del día. Disfrutamos la soledad en compañía de un cigarro al pasar ese momento de reflexión y contemplación que nos ayuda a estar en paz con nosotros mismos.
No hay duda que la mística de un buen cigarro ha proporcionado deleite espiritual a los fumadores por más de 150 años. En el agitado mundo de hoy, donde la palabra stress se ha convertido en parte indispensable del mundo contemporáneo de alta tecnología en que vivimos, un buen cigarro después de la comida ha llegado a simbolizar una forma de consuelo y compañerismo confortantes.
Afortunadamente, el consumo de cigarros ha trascendido las fronteras sociales, culturales, económicas y políticas. En ausencia de la convergencia de puntos de vista cordiales en la escena del mundo político de los últimos cincuenta años, los buenos cigarros, especialmente los habanos, han llegado a representar uno de los pocos denominadores comunes entre la gente de difernte orientación y persuación políticas.
