En todo ritual se observa un acto de profunda concentración y respeto, es un instante de introspección que otorga una conexión, íntima y verdadera con todo lo que nos rodea.
Fumar significa sentir y apreciar el aroma, el sabor, las formas del humo y la pausa hechizante que transfiere al fumador, que lo vive como una ceremonia íntima.
Así observa los movimientos propios de un instante sagrado, realizando con delicadeza y concentración todos los pasos abrir el humidor o tomar el cigarro en las manos, encenderlo a conciencia, y fumarlo lentamente para percibir todos los matices y las significantes variaciones en su sabor y aroma, hasta que el puro se apague por sí mismo.
Los amantes de los puros son conocidos por su aprecio a las buenas comidas, vinos y licores y eligen la combinación más apropiada para cada momento particular.
Algunos aconsejan que el mejor momento para fumar un puro es después de las comidas, acompañando al postre, el café, junto a un cognac, licor o champagne. No importa en donde o cuando sino disfrutar de la relajación y satisfacción de fumar un buen puro.